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La concesión de contratos de lotes de hidrocarburos se ha acelerado notablemente en estos últimos dos años. Conociendo los pasivos medioambientales que inevitablemente genera esta industria -Camisea es un ejemplo entre muchos- nos preguntamos si es conveniente otorgar, como se está haciendo, estas concesiones dentro de las Áreas Naturales Protegidas.
Escribe: César A. Ipenza Peralta
El Estado ha reconocido la importancia de las Áreas Naturales Protegidas (ANP), elevando a rango constitucional la obligación de promoverlas, por ser zonas ricas en biodiversidad y pertenecer a una estrategia de largo plazo que busca brindar sostenidamente servicios ambientales esenciales para el hombre. Algunos grupos sociales, sin embargo, perciben a las ANP como limitantes para sus actividades y aspiraciones, llegando incluso a vulnerarlas sin evaluar consecuencias, empujados por intereses cortoplacistas. Actualmente las ANP enfrentan muchas amenazas y desafíos, tanto dentro como fuera de sus límites. Muchos de ellos están asociados a impactos del cambio global. En efecto, el crecimiento de la población mundial y la demanda de recursos naturales de gran valor, como son los hidrocarburos, están aumentando las amenazas a su sostenimiento y existencia.
Frente a esto, el proceso de otorgamiento de concesiones para explotación y exploración de hidrocarburos al interior de las ANP viene incrementándose, debido en gran medida a procesos coyunturales en la región y, principalmente, al incremento del valor del petróleo en el mercado internacional.
Si hacemos un análisis comparativo de los mapas de otorgamiento de concesiones de PERUPETRO S.A. -empresa estatal de derecho privado que, en representación del Estado, negocia, celebra y supervisa los contratos en materia hidrocarburífera- concluimos que desde el 2005 se ha producido un incremento considerable en la negociación y otorgamiento de contratos petroleros que se superponen con diversas ANP. Lo más grave es que esto se ha concretado sin coordinación previa con el Instituto Nacional de Recursos Naturales (INRENA), ente rector del Sistema Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (SINANPE). Estas áreas con superposiciones de lotes petroleros son: Reserva Nacional Tambopata, Bosque de Protección San Matías-San Carlos, Zona Reservada del Güeppi y diversas Reservas Comunales como la Machiguenga, Asháninka, Yánesha, Amarakaeri, y El Sira.
Recuerdos de Pacaya Samiria Las concesiones en mención han sido otorgadas sin que el INRENA emita previamente una opinión favorable respecto a si tales contratos de concesiones hidrocarburíferas perjudican o no el cumplimiento de los fines para los cuales se establecieron estas ANP, además de si existe compatibilidad con la naturaleza jurídica y condiciones naturales de las mismas, de acuerdo con lo previsto en los artículos 27 y 28 de la Ley de Áreas Naturales Protegidas y del artículo 116 de su reglamento. Resaltemos que se ha violado e incumplido la legislación vigente.
Para colmo, en este tipo de concesión no existe evaluación ambiental previa al proceso de exploración: cuando existen impactos y daños ambientales en las ANP, las compensaciones y sanciones no cuentan con un marco legal claro, y existe discrecionalidad de los funcionarios a la hora de evaluar los estudios ambientales presentados para la obtención de Licencia Ambiental. Los problemas se incrementan por la carencia de normatividad adecuada para la realización de actividades hidrocarburíferas en ANP, de planes de manejo y zonificación, así como por la inexistencia de un sistema de monitoreo de la calidad ambiental en estas zonas. Este proceso de concesiones está generando nuevos conflictos socioambientales a distinto nivel en nuestra ya convulsionada sociedad, debido en gran medida a la incapacidad de respuesta y coordinación de las instituciones involucradas.
Las experiencias de desarrollo de actividades hidrocarburíferas en áreas protegidas no han sido del todo armoniosas. Un caso emblemático es el del Lote 8 en la Reserva Nacional Pacaya Samiria (la concesión es preexistente al establecimiento de la ANP), donde el 6 de octubre del 2000 se perjudicó a una de las zonas más importantes de la cuenca amazónica. A la fecha, no han sido afrontados el vertimiento de aguas de producción a quebradas y aguajales, además del rompimiento de ductos, que tiene efectos irreversibles sobre los ríos, la biodiversidad y la salud de las poblaciones locales. Incluso la función de los guardaparques se ve limitada, porque es la petrolera quien otorga las facilidades de ingreso al lote. Existe además un informe de Auditoria de Gestión Ambiental y de Patrimonio Cultural de la Reserva Nacional Pacaya Samiria, realizado por la Contraloría General de la República en el año 2005, y que sin embargo no se hace público, a fin de exigir a las autoridades involucradas subsanar los errores cometidos.
Hora de Cambios Existen otras áreas que sin ser ANP, como el río Corrientes y el Abanico del Pastaza (sitio RAMSAR), a causa de las actividades petroleras se encuentran en situación alarmante, con devastadora pérdida de biodiversidad y severa contaminación de plomo y cadmio en las poblaciones indígenas, como bien señala el Informe de la Dirección General de Salud Ambiental (DIGESA) del Ministerio de Salud. En este caso, una gran parte de los involucrados y afectados señala como principal fuente de contaminación a la empresa Pluspetrol Norte.
La respuesta de la Sociedad Civil no se ha hecho esperar; desde hace algunos meses el Grupo de Áreas Protegidas e Hidrocarburos, conformado por diversas ONG, vienen trabajando algunas propuestas y estrategias frente a este problema que pretende menoscabar la esencia de las ANP. A criterio del autor, la incompatibilidad entre las actividades hidrocarburíferas con las ANP se manifiesta tres aspectos bastante claros:
- La industria de hidrocarburos es la principal causante del cambio climático. Este proceso se acentúa cuando dicha actividad tiene como resultado el deterioro de importantes sumideros de carbono, como son las ANP.
- La exploración y explotación de hidrocarburos tiene consecuencias nefastas sobre la conservación de la biodiversidad que constituye una de las razones fundamentales del establecimiento de las ANP.
- La industria petrolífera que actúa en una ANP no aporta desarrollo en términos netos, por cuanto implica una merma de la aptitud de los ecosistemas para generar funciones de incalculable valor para el ser humano, incluidas las de índole social y cultural.
Desde este espacio queremos llamar la atención de autoridades e instituciones involucradas, de la comunidad científica, académica y del sector privado, a fin de que se discuta y genere un debate mucho más profundo y propositivo; y de no contarse con políticas claras y tecnología adecuada, como bien señalan los especialistas al considerar los intereses del país a largo plazo, se debe plantear la moratoria de estas actividades al interior de las Áreas Naturales Protegidas. Powered by AkoComment 2.0! |